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sábado, 13 de septiembre de 2008

RECUERDOS SAGARRA:"La leyenda del Tarzán de Oro" una historia Sagarra de José Docampo (Sar-dina)


Nuestro amigo y "Coleccionista VIP" gallego-canario José Docampo ("Sar-dina") acaba de adquirir un sagarra digno de leyenda. Como veréis en las fotos, es una verdadera joya, observad toda la tornillería en oro que tiene y lo impecable que está. Nos comenta como en las tiendas de pesca aún se pueden encontrar muchas veces repuestos, pero él lo que le gustan son las ferreterías. Este ejemplar lo encontró en una y hasta ahora las ferreterías son las que mejores resultados le han dado. Nos manda un auténtico capítulo de una novela "Sagarrista", para delicia de todos los buscadores de "tesoros" ocultos.



"LA LEYENDA DEL TARZAN DE ORO"


Texto y fotografías: José Docampo "Sar-dina"

Era una calurosa mañana de junio, en el que nuestro enigmático buscador de tesoros "sar-dina Livingstone" recibió una misteriosa llamada de un desconocido, el cual le invitaba a quedar con él en una vieja calle de un barrio periférico.

Este extraño le prometía que a cambio de unas monedas le comentaría a nuestro curioso buscador el paradero de un Sagarra de leyenda, del cual solo se sabía de su existencia por rumores y historias, de personas, que decían que un amigo de un amigo se lo había contado. Que lo había visto, nuestro curioso amigo, sabía que a lo mejor podía ser cierto, por que en poder de él ,existía una foto en blanco y negro, que daba a entender, que una vez existió uno.



Sin más esperas, y con la mosca detrás de la oreja, nuestro protagonista se dirigió a la dirección que el extraño le había dicho, y una vez allí, se sentó a esperar en la acera, a ver si el misterioso personaje aparecía, rezando, para que no tardase. El calor era de justicia y no había en un kilómetro a la redonda una maldita sombra, al cabo de unos minutos se le acercó un hombre con pinta de no haberse lavado en semanas.

Cuando llegó a su altura le preguntó:

-¿doctor sar-dina Livingstone supongo?-

A lo que nuestro aventurero le contestó, con cara de extrañado

- El mismo, ¿usted es el que me llamó esta mañana?-

El extraño le repondió:

-Sí, correcto, sé que usted se dedica a la búsqueda de sagarras perdidos ¿correcto?.

El extraño cobra por su información:

-¿Pues, ha traído mi dinero?-

Sar-dina sabe que todo tiene un precio, y paga al extraño:

-Si, aquí lo tiene, pero no recibirá ni una sola moneda si no me dice para que me ha llamado.


El misterioso personaje da más intriga al asunto.

Le voy a contar porque me dará mi dinero y después cada uno se irá por su lado, o no habrá trato... ¿de acuerdo?-

Sar-dina atiende al extraño sin perder detalle, por fin le cuenta los datos que esperaba:

-Yo trabajé hace muchos años en una ferretería de este pueblo y me acuerdo perfectamente del día en que llego un Tarzán de oro a nuestro comercio. Todos los que estábamos allí nos quedamos boquiabiertos, cuando el representante de Sagarra lo sacó de la caja, para enseñárnoslo, sus tornillos y engrasadores despedían un destello dorado, como si fueran rayos del mismísimo sol y sé que nunca volvió a ver la luz del día, después de eso, porque yo me fuí de allí 15 años más tarde y nunca lo vi cruzar las puertas del comercio. Si usted logra convencer al viejo, que aún regenta esa ferretería, para que le deje acceder a su almacén, lo encontrara al fondo del todo, en las estanterías mas viejas que hay entre cubos de goma y cajas de tornillos, que están llenos de polvo y cubiertos por sacos de tela para escombro-

-¿¿¿Usted no me acompaña???-preguntó Sar-dinano

Categórico y brusco, contesta a Sa-dina

-Yo solo le informo, no me llevo con el viejo y de la puerta no paso, lo que haga usted con esta información es su problema-

-De acuerdo-, volvió a repetir un Sar-dina abrumado por los límites impuestos.

En ese mismo momento los dos se separaron y cada uno cogió su camino, Sar-dina, no lo voy a negar, no las tenía todas consigo, las palabras de aquel extraño le habían puesto un poco nervioso, pero como el pensaba, en ese momento, no más de lo normal. Así que sin perder un minuto, se dirigió hacia la ferretería en cuestión y una vez llegado a su puerta, se paró, quedo mirando hacia adentro. Pero debido a que hacia un sol de cegador y la ferretería era oscura, de por sí, distinguir algo desde afuera era prácticamente imposible. Hasta que escuchó una voz ronca que venía del interior que le decía:

-Puede entrar cristiano, aquí no nos comemos a nadie-

Sar-dina, aunque un poco desconfiado no querría dar impresión de estar intimidado y contesto:-Supongo, de ser así, debería poner en el letrero, carnicería y no ferretería- Esperando, aunque fuese una simple carcajada, se quedo con las ganas y seguido escucho:

-Si lo que quiere es ser gracioso se ha equivocado, el circo esta más abajo-

Sar-dina no es tonto y sabiendo que el ser que habla desde la sombra del comercio quiere marcar el territorio, él no retrocede un paso y renglón seguido le dice:

-Si no le importa entraré, seguro que se está mejor allí dentro a la sombra, que dejándose despellejar por este sol del infierno-

A lo que la voz de la sombra le contestó:

-Usted verá, cada uno es responsable de las decisiones que toma-Aunque aquella contestación no le gustó mucho, a sar-dina. Pensó que era más una bravuconería que una amenaza, así que sin perder más tiempo se dirigió hacia la puerta y entró.

Allí se encontró de repente con un hombre delgado bastante alto pero en esos momentos inclinado hacia delante y leyendo lo que él creía un periódico, el hombre alzo su vista por encima de sus minúsculas gafas y mirándole a los ojos le preguntó:

- ¿buscaba algo amigo?-

A lo que sar-dina le respondió:

-Mire, no es mi intención molestarle, pero quisiera decirle a por lo que he venido, busco todo lo que a la marca Sagarra se refiere y aunque sé que son carretes de pesca y hoy en día hay tiendas especializadas en estos artículos la marca en cuestión que yo busco se dejó de fabricar hace más de 15 años. En aquella época los que más comercializaban con este tipo de mercancías eran las ferreterías, por eso estoy hoy aquí, para preguntarle si por casualidad a usted le quedaría algo de esa marca y si comercializo con ella en antaño-

Se hizo un silencio y al cabo de unos segundos bastante largos, el hombre apoyando su mano derecha en el mostrador para impulsarse hacia atrás y poder quedarse erguido le contesta:

-Si usted me llega a decir otra estupidez en vez de ésta, le diría que me dejase en paz y se fuera por donde ha venido, a darle la lata a otro "totorota", pero viendo que es usted una persona seria le diré: Sé que algo queda por allí detrás, este almacén es muy grande y yo soy muy viejo para ponerme a rebuscar como un chiquillo de 15 años. Así que si quiere pase y si encuentra algo de lo que busca yo le pondré un precio, y si usted esta de acuerdo se lo lleva-

-¡¡¡Trato hecho!!!!-a lo que el estupefacto Sar-dina, viendo la seriedad de aquel gigantón, le responde: ¡¡¡¡de acuerdo, si tengo claro algo, en esta vida, es que nunca discutiré con un hombre que tiene claro lo que quiere en ese momento!!!!

El gigantón se movió unos tres pasos a la derecha y abrió una puerta minúscula que separaba el mostrador del resto de la tienda y haciéndole una reverencia con la mano le dijo a sar-dina:

-Pase sar-dina- No se lo pensó dos veces, se adentró en aquel almacén gigante que detrás de las espaldas de aquel hombre se escondía y empezó a andar, la verdad que aquellas estanterías altas como el mismísimo universo imponían un poco y el suave manto de polvo que las cubría parecía la mismísima nieve que cubre el Teide cada invierno. De vez en cuando escuchaba algún ruido extraño moviéndose entre las cajas de cartón que se apilaban en aquel inmenso almacén.

Pero nuestro aventurero, Sar-dina, estaba acostumbrado, no era la primera vez, ni sería la ultima en que se aventuraba en un almacén parecido. Así que dirigiéndose hasta el final del almacén, como le había sugerido al principio, el hombre de la llamada de teléfono logró dar con las estanterías mas viejas y con los sacos de tela.

Aunque le temblaba un poco el pulso por los nervios y la emoción levanto los sacos y allí estaba la caja de la que le habían hablado y se detuvo unos minutos, cogió aire y procedió a abrirla. De repente la adrenalina que llevaba varios minutos brotando por todo su cuerpo se convirtió en satisfacción, ¡¡¡Allí estaba el tan deseado "TARZAN DE ORO"!!!!




Lo observó, miró, por arriba y por abajo, hasta que llegó un momento que tuvo que pellizcarse, por si estaba soñando, por que creía que no podía ser cierto. Cuando se dio cuenta, dio un grito de jubilo que el gigante del mostrador se asustó y le dijo ya se le cayó encima alguna caja y lo mató....pero nuestro aventurero reaccionó deprisa, cogió su tesoro y desapareció de aquel lugar, como alma que lleva el diablo.







JOSÉ DOCAMPO CON AGUNAS PIEZAS DE SU COLECCIÓN ¡¡¡AHORA TAMBIÉN EL TARZÁN DE ORO!!!!!

5 comentarios:

rafael edo dijo...

henorabuena sardina por conseguir el tarzan senior y de la manera que lo has consegudo , jajajjaa toda una aventura sagarril jajajaj saludos

Anónimo dijo...

Amigo Sardina'
Enhorabuena, buena pieza!
El mio tambien lo he conseguido en una ferreteria(aunque no tan curiosa la historia)
Un saludo'
Gergo Matyas

SAR&DINA dijo...

Hola un saludo a todos,solo queria deciros que como habreis comprobado tengo mas imaginacion que sagarras jajaja,pero a que la historia a sido divertida,un abrazo a todos y animaos a escribir vosotros tambien, para divertirnos todos un rato,saludos nostalgicos.

Anónimo dijo...

Muy, muy bueno, José, un relato estupendo, lo he disfrutado mucho. El carrete, una pieza magnífica, de lo que no hay. Enhorabuena por tu "Sagarra de oro".


Saludos cordiales.

Juan Urrutia

Anónimo dijo...

Hola a todos oye una pregunta?? En cuanto se cotizan los tarzanes Senior es que tengo 4 y no lo he visto por internet...Me llamo WALBER